Bienvenid@s al siglo XXI

 Más que l’esfuerzu, les peñes y l’aire, l’amistá ye’l componente esencial de la montaña. (Geyson Millar)

Entá guardo l’encantu d’ aquelles dómines. Vívoles aínda y suaño con elles. Soi siñor de los sedos allumaos d’estrelles y ciudadanu llibre de los cumales. (Arnold Lunn)

 Xosé Lluis del Río

G.E. Gorfolí – Asturies

Fecha: 16/09/04

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Son estos tiempos duros. Muchas veces me he preguntado qué sentido tiene el que un puñado de amig@s capitaneados por Zape, insista un año sí y otro también en subir a La Vega los Tortorios a darse de cabezazos contra las piedras y a intentar dibujar los caminos secretos del agua. Imaginando primero, y recorriendo después, esos senderos inverosímiles, en las entrañas mismas de este país caliar que se disuelve en silencio y sin remedio bajo su eterno manto de lluvia. Un país arrasado y derrotado donde los miserables disfrutan con el espectáculo de la depredación salvaje y parricida de sus tristes despojos. Un país al borde del definitivo y completo olvido de sí mismo, en medio de un mundo que se retuerce de dolor por todas las esquinas.

Siempre he obtenido la misma respuesta a mi pregunta. Es suficiente con sentarse allá arriba a despedir al sol por encima de un infinito mar de nubes; es suficiente con pararse a llenar el alma con el aire naranja de las tardes de agosto. Cuando un@ llega a La Vega los Tortorios, incluso después de muchos años, tiene la agradable sensación de estar llegando a casa. Ese es el secreto.

Eso sólo me basta para comprender que no podrán con nosotr@s, por mucho que se empeñen. No podrá la avaricia envenenada de todos los récords mundiales de profundidad juntos. Ni podrá el desaliento que a menudo te asalta al no ver correspondido tanto esfuerzo. Tampoco nos vencerá esa sensación de soledad, al constatar que cada vez son menos l@s que están dispuest@s a inventar pasadizos secretos en la roca. Ni nos amedrentará el desamparo que acecha en la siniestra sombra de la falta de seguridad en caso de tener algún problema. No podrán las dentelladas de cizaña y veneno que nos lanzan los cada vez más prósperos y fanatizados mediocres, rebosantes de ignorancia y de envidia. No podrán los tristes y los parásitos que se alimentan del esfuerzo de los demás. Y ni siquiera nos podrán ahogar en este infecto marasmo pegajoso de galipote burocrático en el que, gracias a su propia miseria, nos han hecho naufragar aquellos que se ocultan –sordos, ciegos y mudos-, en las madrigueras emponzoñadas de unas anquilosadas, y ya muertas en vida, estructuras federativas.

No podrán, por mucho que se empeñen. Y no podrán, porque esto que hacemos nosotros, no es lo que ahora se conviene en denominar “deporte”, siguiendo los dictados del todopoderoso Dios del Mercado (deporte = competición = espectáculo = dinero). Esto ni tan siquiera es sólo recreación y etiquetas de marca. Y no es, ni mucho menos, esa Ciencia –así, con mayúsculas-, ese otro dios al que dicen adorar quienes, haciendo gala de una mísera inteligencia emocional, optan por pudrirse en su propia soledad, absortos en la ciega contemplación de unos datos que no han hecho más que acumular a través de los años, utilizando para ello, sin el menor escrúpulo, a aquellos a quienes además desprecian hasta la náusea, toda vez que su coeficiente intelectual pueda no ser digno de haber sido reconocido con un Título Universitario... de “ciencias”, por supuesto.

Visto lo visto en los últimos tiempos, cada vez estoy más convencido de que esto de la espeleología, no encaja en el actual concepto de lo que se entiende por deporte. El término griego logos (ΛΟΓΟΣ), significa “tratado”, “estudio”, incluso “palabra”. Y que me perdone el compañero Alfonso Calvo, pero me temo que lo más seguro es que, en un futuro más o menos próximo, asistiremos a la progresiva desaparición de las Federaciones de esta -hasta ahora-, nuestra modalidad deportiva. El primer paso parece que ya lo han decidido dar en el País Vasco. Y no entro en valorar las razones que pudieran llevar al legislador a aceptar la propuesta en tal sentido formulada por el responsable deportivo de turno: podrá ser por conveniencia política, por simple incompetencia de los dirigentes o debido incluso a actitudes ilícitas mantenidas por algunos federativos.

Lo cierto es que al Estado, desde la pura perspectiva del coste-beneficio, parece que ya le está empezando a dejar de resultar rentable mantener unas corporaciones que no hacen otra cosa que sostener y fomentar otra más de las ahora denominadas modalidades de “deportes de montaña”. De nada servirá el penoso cambio de rumbo –Reglamento de Competición incluido-, que últimamente comienzan a manifestar muchas Federaciones, incluida la propia Federación Española de Espeleología. Un cambio de rumbo que muchos justifican en la necesidad de mantener, a costa de lo que sea, la independencia financiera de una estructura ya irreversiblemente podrida. ¿Es que compensa vender tu alma a cambio de continuar con una existencia desvirtuada por completo?. ¿Es que ya nadie lee a Goethe?. A medio plazo, el efecto conseguido con ello, será el opuesto a lo ahora perseguido: para lo único que servirá el fomento de este nuevo aire deportivo-competitivo, será para acelerar el proceso de marginación de las clásicas y múltiples actividades generadas alrededor de la exploración y el estudio de las cavidades, con la consiguiente y progresiva integración de esa “nueva” disciplina –articulada entorno a las competiciones y a la visita con fines recreativo-deportivos de ciertas cavidades especialmente atractivas o puestas de moda-, en una única Federación Deportiva que aglutine todo tipo de esos llamados deportes de montaña.

Mucho me temo que la incompetencia, la soberbia, los personalismos, las luchas estériles y la falta de visión de futuro de la mayoría de nuestros dirigentes federativos, haya terminado por generar un clima irrespirable y kafkiano que, sin lugar a dudas, coadyuvará a la desaparición definitiva de la espeleología como disciplina deportiva autónoma en España. Empecinados en negar la evidencia de la evolución de las estructuras político-administrativas del Estado español (eso que se ha dado en llamar el Estado de las Autonomías) y haciendo gala de una rancia filosofía jacobina –incluidas listas negras, persecuciones y purgas-, nuestros directivos han venido fomentando en los últimos años absurdos y gratuitos enfrentamientos con distintas federaciones autonómicas y clubes, al tiempo que se han preocupado de impedir el natural relevo generacional, tratando por todos los medios de asegurarse los resultados de las sucesivas elecciones; y para ello, no han dudado en acudir al bloqueo las listas de candidatos con maniobras que sólo promueven la elección de aquellos más afines a sus postulados. Lamentablemente, han sido por completo incapaces de adaptarse a los tiempos y de asumir el fin de las estructuras verticales y rígidas. No han sido capaces de pasar de la torre a la red, de superar el reto del proceso de horizontalización de nuestras sociedades.

Desde mi punto de vista, son tres los pilares básicos que sustentan la actividad que desarrollamos. Teniendo en cuenta estos pilares, pienso que este es el panorama con que nos encontramos en la actualidad:

-          Al socaire de la regulación normativa en materia de educación y formación deportivas, se ha terminado por generar una nefasta burocratización de dichas enseñanzas en el ámbito espeleológico; y, al tiempo, se ha procurado fomentar sobremanera la práctica recreativa y puramente deportiva de la espeleología entre l@s más jóvenes, como una forma de mantener la financiación pública procedente del Consejo Superior de Deportes y de generar ingresos a través de la mercantilización de una actividad en origen no lucrativa. Como ya he apuntado, considero que no puede uno fomentar y sostener económicamente competiciones y visitas recreativas a ciertas cavidades de moda, ni dedicarse con fruición a vender cursos y a expedir certificados sin que, al mismo tiempo, disminuyan sensiblemente la cantidad de espeleólog@s capaces de seguir explorando. Y mal se puede transmitir a las nuevas generaciones la filosofía que sustenta nuestra actividad –el compromiso personal, el trabajo en equipo, la exploración y el estudio, conocimiento y respeto del medio natural-, condenando desde la propia Federación a los equipos de exploradores al más puro y duro ostracismo: esas “listas negras” en las que algunos, como los integrantes del G.E. Gorfolí, hemos tenido el honor de ser incluidos.

-          Ese mal clima generalizado, ha incidido negativamente en la frecuencia de los tan necesarios encuentros, jornadas de divulgación y congresos; y es por ello por lo que las publicaciones y el intercambio de información decaen, haciendo que much@s pierdan por completo el interés en la actividad. Aunque es cierto que algunos equipos optaron por publicar ellos mismos sus trabajos de exploración a través de la red, otros –sencillamente-, decidieron dejar de publicar, o bien se limitaron al reducido ámbito de las “memorias”. Esta situación de desinformación general, el obstruccionismo, la persecución y hasta desprecio por el trabajo realizado incluso por exploradores llegados desde más allá de las fronteras estatales, está provocando el fomento de la ignorancia y el aislamiento entre las nuevas generaciones de espeleólog@s.

-          Por último, la inseguridad en la práctica deportiva ha aumentando de forma alarmante, lo que también influye en la disminución del nivel y la intensidad de muchas de las actividades realizadas. Seguimos sin tener articulada una solución mínimamente confiable al gravísimo problema de la intervención en situaciones de emergencia en cavidades: el espeleosocorro. Una verdadera patata caliente que nadie hasta ahora ha sabido –ni siquiera ha querido-, afrontar con un mínimo de coherencia y de decencia moral. El primero de los derechos de cualquier deportista, es el derecho a un cierto grado de seguridad física y patrimonial en el desarrollo de la actividad deportiva. Pero nuestros enajenados directivos han llegado incluso a abandonar a su suerte a sus propios deportistas federados, muertos o heridos en accidentes, tratando de rentabilizar las situaciones de emergencia con una finalidad política, como en el caso de nuestro compañero Alfonso Antxia. Intentar mantener sometidos mediante chantaje moral a los propios espeleólog@s para garantizar su intervención en los rescates, quizá no sea la mejor de las soluciones. En estas condiciones, los grupos de socorro así planteados a la manera “tradicional”, terminarán irremisiblemente por desaparecer; máxime, cuando ni tan siquiera se les facilitan las cosas a aquellos que, voluntariamente y a nivel personal, aún tienen el valor para ofrecer su ayuda en situaciones de emergencia sin contar ni tan siquiera con una simple cobertura de seguro.

Esto es lo que hay. Pero, ¿qué podemos hacer ante este panorama?. ¿Estamos condenados a hundirnos sin remedio en ese aburrido, siniestro y casposo mar de galipote?. ¿Van a conseguir terminar con las relaciones y lazos afectivos que existen entre todos nosotros?. ¿Existe alguna alternativa a los encorsetados códigos establecidos que nos pretenden imponer desde arriba?. ¿Qué ocurrirá si algún día el Estado decide desmontar el chiringuito e incorporar la “espeleo” –con toda lógica, desde mi punto de vista- a una Federación de Deportes de Montaña, por ejemplo?.

Much@s hemos aprendido en estos últimos años que existe otro mundo más allá de las patéticas pirámides federativas, convertidas hoy en auténticas jaulas de grillos o incluso verdaderos frenopáticos. Hemos contactado y estamos colaborando al máximo nivel con grandes equipos y personas excelentes que nada quieren saber de todo eso. Quizá sin ni siquiera ser conscientes de ello, hemos ido tejiendo y reforzando una red basada en nuestros lazos de amistad y en el esfuerzo compartido a través del espacio y del tiempo, en pos de un interés común: explorar, conocer, ir un poco más allá, derrotar al miedo y a la ignorancia, sin importar “sexo, procedencia, lengua o religión”; y aceptando lo que cada uno aporta al equipo en función de su propio compromiso personal o su capacidad.

Y no podemos dejar de tener presente que eso es, precisamente, lo que de verdad importa de toda esta historia. ¿Entonces?.

Hace unos pocos días, recibí un correo electrónico de una compañera de Sao Paulo (también abogada y espeleóloga), entusiasmada con el proyecto de “Espeleolex”. Esta chica, Carolina Anson, se encuentra haciendo el doctorado, estudiando el tema de los aspectos legales de la conservación de las cavidades y estaba interesaba en contactar conmigo para establecer algún tipo de colaboración. El surgimiento en Brasil en los últimos años de un nuevo movimiento o filosofía social entorno al llamado “Tercer Sector” es, sin duda, uno de los fenómenos más interesantes que se están producido a nivel mundial en lo que a evolución social se refiere. La compañera paulista forma parte de una red que algunos grupos y espeleólog@s brasileños han montado, apoyándose en las herramientas y ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías y por completo ajenos a las caducas estructuras federativas. Una red basada en los principios que impulsan el “espíritu de Porto Alegre” y el mismo Foro Social Mundial (FSM). Podéis visitar su página web en http://www.redespeleo.org

Una red puede muy bien ser la solución que nos permita adaptarnos a este nuevo entorno que ya comienza a dibujarse. Aunque la estructura organizacional más común resulta ser la piramidal, estructurada en niveles jerárquicos –desde las Federaciones hasta la propia Administración, pasando por muchos clubes-, existe una alternativa en la organización estructurada en red. Según Francisco Whitaker, «uma estrutura em rede - que é uma alternativa à estrutura piramidal - corresponde também ao que seu próprio nome indica: seus integrantes se ligam horizontalmente a todos os demais, diretamente ou através dos que os cercam. O conjunto resultante é como uma malha de múltiplos fios, que pode se espalhar indefinidamente para todos os lados, sem que nenhum dos seus nós possa ser considerado principal ou central, nem representante dos demais. Não há um “chefe”, o que há é uma vontade coletiva de realizar determinado objetivo».

Menos mal que nos queda Portugal... y Brasil, por extensión. De todas formas, l@s que hemos optado por no dar la espalda a la memoria de este país, Asturies, sabemos muy bien que la tradición de nuestros mayores instituyó L’Andecha como una forma comunitaria de organización del trabajo. Esta institución -como casi todas las instituciones jurídicas asturianas-, se mantuvo en el tiempo y evolucionó hasta nuestros días al margen de los dictados del Estado y en ella, tod@s colaboran con tod@s en la consecución de un determinado objetivo. En definitiva, nada nuevo, como se puede ver.

Lo que hay, lo que nos une a todos, es precisamente nuestra amistad y nuestra voluntad colectiva de realizar unos determinados objetivos. Seguramente más temprano que tarde, nos veremos obligados a enfrentarnos a todo un cúmulo de nuevas dificultades y nuevos retos a nivel organizativo (crisis y cambios de dependencia federativas, financiación, coberturas de seguros, permisos, divulgación, necesidad de colaboración con equipos de investigación y Administraciones, etc.). Por ello, quizá nos venga bien fortalecer en la medida de lo posible la cohesión existente entre los distintos nodos que componen esta red nuestra, que siempre hemos mantenido abierta a otros nodos.

Las nuevas e imaginativas propuestas de organización que comienzan a ser ensayadas con buenos resultados por la sociedad civil de Brasil, junto con nuestras propias instituciones tradicionales y experiencias, seguramente nos podrán ayudar a articularnos de forma inteligente, adaptándonos a los tiempos, sin estar condicionad@s por dependencias de cualquier tipo: pertenencia a distintas Federaciones deportivas (Espeleología, Montaña, Subacuáticas...), clubes, asociaciones civiles, culturales o recreativas, particulares, etc.; y sin depender de viejas estructuras –mentales y administrativas-, definitivamente anquilosadas y esclerotizadas. Es posible continuar trabajando junt@s y compartiendo vivencias en este siglo XXI.

Acostumbrad@s como estamos a adaptarnos a los cambios tecnológicos, a las nuevas técnicas y materiales –del carburo a los leds-, ¿sabremos reconocer la importancia de los cambios que están teniendo lugar en algo que nos resulta tremendamente gris y hasta “invisible”, pero que puede llegar a ser tan esencial para nosotr@s como el mismo aire que respiramos?. A pesar de todos los problemas y a pesar de las dificultades que nos acechan, ¿seremos capaces de continuar inventando pasadizos secretos en la roca?. Este, sin duda, es uno de nuestros próximos y más urgentes retos. Podemos, si queréis, comenzar ya a trabajar en él.


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