Vista aérea de los escarpados acantilados de las Islas Orcadas
Foto: J. Mª Castellví (c)
  




  "Esta zona de aguas tranquilas, en la región de encuentro de dos mares tan bravos como el Mar del Norte y el Atlántico Norte hizo que el Almirantazgo británico decidiera establecer aquí la base para la flota metropolitana del Reino Unido"   




   Recorrido por el interior de uno de los buques de la Flota Imperial Alemana. Foto: J. Mª Castellví (c)   




  "El reto en Scapa era la propia filmación, ya que las condiciones de la mar y la visibilidad del agua nos obligaban a largos tiempos de fondo en una cota variable entre 30 y 40 m. de profundidad"   




   Vista de la proa del S.M.S Köln, hundido en Scapa Flow.
Foto: J. Mª Castellví (c)
  




  "La corriente también dificulta enormemente el descenso. Hay que tirar fuerte de brazos, o incluso poner un cabo de seguridad, para evitar que la corriente nos arranque del cabo de fondeo"   




   Uno de los miembros del equipo explorando uno de los cañones del S.M.S Brummer hundido en estas aguas.
Foto: J. Mª Castellví (c)
  









Expedición Orkney 2.001: Al filo de lo imposible
El equipo de Al filo de lo imposible nos cuenta en primicia su última aventura en Scapa Flow
Por: Xesus F. Mantega


Vou’n bulina dixu’l viantu dendi’l norti
al tou llau lligaréi ya siampri taréi unda eiqui,
na ca’l fuau.
Beleño, Na ca’l Fuau.

Inhóspitas pero con mucha historia

El archipiélago de las Orcadas comprende más de 70 islotes con un relieve que no presenta alturas destacables excepto en la isla de Hoy, que llega a alcanzar en sus deshabitados páramos más de 450 m. de altitud. Es de destacar en su paisaje la total falta de arbolado, salvo en pequeñas manchas en el interior de la isla de Mainland. Se encuentran estas islas al norte de Gran Bretaña, separadas de Escocia por las pocas decenas de millas naúticas que forman el estrecho de Pentland Firth. El clima es duro, especialmente entre septiembre y abril, caracterizándose especialmente por los fuertes y constantes vientos. Esto, combinado con las bajas temperaturas y la alta humedad consigue transmitir una sensación continua de inhospitabilidad.

Pero aun así, han sido ocupadas por el hombre desde tiempo inmemorial. Hasta nuestros días han llegado vestigios de las construcciones realizadas hace 5.000 años por los primeros habitantes de estas islas. Los megalitos y túmulos están extendidos por toda la geografía de las islas y constituyen conjuntos verdaderamente importantes tanto en tamaño como en cantidad. Los pictos habitaron este archipiélago y, posteriormente, los vikingos usaron estas costas como base avanzada de los puertos escandinavos en sus ataques a escoceses, irlandeses e ingleses. Más cerca de nuestros días, y recordando, además, algo que forma parte de nuestra historia, fueron usadas como refugio por los restos de la Gran Armada, conocida irónicamente desde aquel tiempo como “invencible”.

Panorámica de las Islas Orkney. Foto: Jose Mª Castellví (c)
Vista panorámica de la ensenada de Scapa Flow, al norte de Gran Bretaña.
Foto: J. Mª Castellví (c)

Tres de las islas principales, tres más pequeñas y algunos islotes forman en el sur de las islas una grande y abrigada ensenada, Scapa Flow. Esta zona de aguas tranquilas, en la región de encuentro de dos mares tan bravos como el Mar del Norte y el Atlántico Norte hizo que el Almirantazgo británico decidiera establecer aquí la base para la flota metropolitana del Reino Unido poco antes de estallar la I Guerra Mundial (1914-1918). Hablar en estas latitudes de aguas tranquilas es por comparación con las zonas cercanas. Por ejemplo, en el Pentland Firth se han llegado a medir corrientes de hasta 14 nudos. Dicen los escoceses y los orcadianos que “las corrientes son la sustancia que crea las leyendas en el Pentland Firth”.


El cementerio de la Gran Flota Imperial

En 1918, cuando a los políticos les pareció que cuatro años de guerra ya habían desangrado suficientemente a Europa, se llegó a un armisticio entre los aliados y los alemanes. No era el final de la guerra pero sí una tregua y los dos bandos negociaban para llegar a la paz definitiva. Durante estas negociaciones la Gran Flota Imperial Alemana de Alta Mar debería permanecer en manos de las fuerzas aliadas en Scapa Flow. Los 74 barcos que la constituían llegaron a esta rada en noviembre de 1918 y fondearon en las aguas más profundas del Flow, al noroeste, entre las islas de Cava, Fara y Hoy. Una vez hecho esto, la mayor parte de los marinos germanos fueron repatriados permaneciendo únicamente un mínimo de tripulación en los buques.

El invierno pasó y, tras 7 meses fondeados a merced del mal tiempo habitual, el acero de la flota germana se fue oxidando paulatinamente, perdiendo así la altivez que habían paseado por el mar durante la Gran Guerra. Durante ese largo periodo de tiempo se prohibió a los marinos alemanes bajar a tierra, se les confiscaron las radios y se aisló a las tripulaciones de los diferentes buques entre sí. Mientras duró este aislamiento, los ingleses entregaban a los alemanes periódicos con varios días de retraso para que fueran siguiendo, de esta forma, las negociaciones de paz. Pocos días antes del 21 de junio de 1919 el Contraalmirante Ludwig Von Reuter, comandante de la flota alemana, había leído que existía la posibilidad de que se rompieran dichas negociaciones. El Imperio alemán no estaba de acuerdo con las condiciones que imponían los aliados y esto podía desencadenar de nuevo la guerra. Si esto llegaba a ocurrir, la Flota Imperial caería sin remedio en manos británicas. Había que impedirlo y sólo se lograría hundiendo todos los buques retenidos.

En un ejemplar de periódico que había sido publicado cuatro días antes se informaba que el armisticio terminaba el 21 de junio. Von Reuter decidió hundir la flota ese día. Lo que no sabía era que el armisticio se prolongaba hasta el día 23, en un intento de los dos bandos de llegar a un acuerdo que impidiera la guerra.

El 21 de junio desde el S.M.S. Emden, el buque insignia del Contraalmirante, se transmitió la orden, ya convenida previamente mediante banderas y luces, a los 74 barcos de la flota imperial. Al recibir dicha orden, algunos izaron la bandera imperial y la de “avanzar hacia el enemigo”. Esto estaba prohibido por los británicos y originó algunos tiroteos con las consiguientes víctimas entre los desarmados alemanes. Pero ya no pudieron evitar la inundación de los buques, en menos de dos horas descansaron sus estructuras sobre el fondo de la bahia, entre 20 y 55 m. de profundidad.

El Crucero ligero de guerra alemán Brummer. Foto: J. Mª Castellví (c)
El S.M.S Brummer, Crucero ligero de la Gran Flota Imperial Alemana, fue otro de los buques hundidos por la Armada Invencible Británica.
Foto: J. Mª Castellví (c)

El buque alemán F2. Foto: J. Mª Castellví (c)
Los restos del F2, destructor semi-experimental por su avanzado diseño de la 2ª Guerra Mundial, que los ingleses se quedaron como compensación de guerra y que a los dos años se les hundió por una galerna, descansan dentro de la bahía de Scapa Flow.
Foto: J. Mª Castellví (c)



Casi noventa años después

Un miembro del equipo durante la inmersión. Foto: J. Mª Castellví (c)
Para las inmersiones en aguas de Scapa Flow, fue necesario contar con un complejo y pesado equipo.
Foto: J. Mª Castellví (c)

Esta flota perdida fue uno de los objetivos de la Expedición Orkney 2001, Al filo de lo Imposible, que se llevó a cabo durante el mes de Octubre de 2.001. Expedición formada por Carmen Portilla, Josep María Castellví, Josep Guarro, Ángel Ortego, Javier Lusarreta y Xesús Fernando Mantega, además de un equipo de competentes técnicos de TVE para la filmación en exteriores, Manuel Rojo (fotografía), Lalo Izquierdo (sonido), Esteban Vélez (producción) y Sebastián Álvaro (dirección). El reto esta vez era la propia filmación, ya que las condiciones de la mar y la visibilidad del agua nos obligaban a largos tiempos de fondo en una cota variable entre 30 y 40 m. de profundidad. A pesar de utilizar como mezcla habitual EAN 29 o EAN 30, pasar 50 minutos en el fondo nos obligaba a descompresiones que, a veces, llegaban a sobrepasar los 50 minutos a 3 metros de profundidad. La configuración del equipo consistía en dos botellas de 15 litros a la espalda más una botella de 7 l. colgada lateralmente. También en la espalda llevábamos la batería de un foco de 200 w. Todo esto suma un peso de más de 70 kg. en el exterior.

El equipo de
Los integrantes del equipo de "Al filo de lo Imposible"a punto de iniciar una de las inmersiones.
Foto: Javier Lusarreta (c)

Bajo el agua un buceador se encargaba en todo momento de la seguridad del cámara, ya que éste llegaba a abstraerse totalmente en su trabajo y corría ciertos riesgos que se mermaban con la presencia del buceador de seguridad. Otros dos buceadores iluminaban la escena mientras los dos restantes actuaban de modelos.

Uno de los buques mejor conservados es el S.M.S. Köln, un crucero ligero de la clase Dresden II de 5.531 toneladas de desplazamiento, 170 m. de eslora y 16 m. de manga que fue botado en Hamburgo en 1916. Yace a 36 metros sobre el costado de estribor en un fondo de fango y arena que le da una sensación real de profundidad. Realmente impresiona cuando, entre la penumbra verdosa, aparece la oscura silueta de su casco hundido y surge, repentinamente, la idea de encontrarnos muy lejos de tierra firme y en oscuras aguas profundas. En estas aguas, como en el Cantábrico, hay un punto en el que no se ve ni la superficie ni el fondo sobre el que descansa el pecio. Un descenso incontrolado nos desorientará completamente.

El Köln, uno de los navíos de la Flota Imperial Alemana. Foto: J. Mª Castellví (c)
Imagen del legendario buque alemán, el S.M.S Köln, que ahora descansa en las tranquilas aguas de Scapa Flow.
Foto: J. Mª Castellví (c)

En el costado de estribor se ve una línea de ojos de buey que permiten que la luz de nuestros focos rompa la oscuridad del interior del barco. La popa está entera y, sobre ella, se ven las torretas de dos cañones de 5,9 pulgadas, así como el ancla de popa y los camarotes de los oficiales. Al recorrer la cubierta, que se encuentra en total oscuridad a causa de la sombra del propio casco, se pueden apreciar todavía las tablas de madera que formaban el suelo y los restos de los cabrestantes de las amarras. Más cerca de la proa encontramos el puente de mando, todavía entero, y la torre de dirección de tiro. Esta torre, de forma oval y acorazada, estaba coronada por un sistema de periscopios y era el cerebro del barco durante las batallas. Tenía dos plantas y las únicas aberturas al exterior eran dos filas de rendijas que permitían a los oficiales ver el transcurso del combate desde el interior de la torre. En la proa permanecen los tornos de los anclas de proa.

Cuando hablamos de barcos hundidos siempre viene a nuestra memoria la existencia de tesoros perdidos. Tesoros que se fueron al fondo en medio de galernas, por el mal gobierno de un buque o durante un sangriento combate naval. Es más difícil de imaginar que se pierdan bajo el agua por voluntad propia de sus capitanes y tripulaciones y que, además, este tesoro no sea oro, plata y piedras preciosas, sino algo que, en su época, era tan común como el propio acero que constituía los mismos barcos. Ochenta y tres años más tarde, este metal se ha convertido en el único acero sobre el planeta no contaminado por la radiación de las bombas atómicas, y, aunque cueste creerlo, es indispensable actualmente para la exploración espacial. Este acero es el de la Flota Imperial Alemana de Alta Mar hundida en Scapa Flow en 1919.


El H.M.S. Hampshire

A pesar de la importancia de la pérdida de la flota imperial, estos barcos no tienen la carga emotiva de los que fueron a pique llevándose consigo las vidas de los marinos que los gobernaban. Este es el caso del H.M.S. Hampshire, crucero blindado británico de 150 metros de eslora, que se fue al fondo del Atlántico el 5 de junio de 1916 con casi toda su tripulación y con Lord Kitchener, ministro británico de la guerra en aquel tiempo y héroe nacional por su actuación en las guerras coloniales de Sudán y Sudáfrica. De los 655 marinos que formaban su dotación sólo sobrevivieron 12. Este barco se dirigía hacia el Ártico ruso para que Lord Kitchener se reuniera con el Zar rodeando la costa occidental de las Orcadas en medio de un fuerte temporal. Además, se cree que transportaba secretamente más de 2.000.000 de libras esterlinas en oro para entregar a los aliados rusos. Tan brava estaba la mar que los barcos de escolta tuvieron que regresar a la base mientras el Hampshire continuaba su ruta. El viaje fue interrumpido por una súbita explosión en la proa, hundiéndose el buque rápidamente en medio de la galerna. El origen de esta explosión ha dado lugar a varias teorías. ¿Una mina fondeada por un submarino alemán, un sabotaje realizado por el I.R.A. o los mismos británicos abriendo el paso a un nuevo ministro de la guerra con nuevos métodos y estrategias? Fuera una u otra la causa de la explosión, el Hampshire descansa ahora a 68 m. de profundidad a pocas millas de la costa noroeste de Mainland.

El H.M.S. Hampshire, junto al H.M.S Vanguard y el H.M.S. Royal Oak, se encuentran protegidos por el Acta de la Comisión del Parlamento Británico para Cementerios de Guerra y Restos Militares de 1986, con lo que las inmersiones en estos pecios están prohibidas. “Al Filo...” tramitó un permiso para descender y filmar en este lugar. Aquí, en la confluencia del Mar del Norte con el Océano Atlántico, dicen que se encuentra una de las aguas más traicioneras del mundo. Las fuertes corrientes y las mareas de gran desnivel originan impredecibles y rápidos movimientos de masas de agua que, unidos a la frecuencia de temporales y galernas, hacen muy difíciles las inmersiones. Nosotros tuvimos suerte. A pesar de que la mar estaba bastante fuerte, nos permitió hacer dos inmersiones con un intento fallido entre las dos jornadas de acierto. La temperatura del agua era de 11º C y la del aire de 8º C, acompañada de un fuerte viento del norte que, en ocasiones, hacía que las olas subieran a bordo.


Una inmersión “Al filo de lo imposible”

Descender a estas profundidades hace que los buceadores se vean sometidos a riesgos graves como la narcosis y la hiperoxia. Estos riesgos se minimizan utilizando determinadas mezclas de gases. Considerando que el origen de la narcosis es la intoxicación por nitrógeno y la hiperoxia se produce por la intoxicación por oxígeno (de estos gases el aire tiene un 78 y un 21% respectivamente), lo que hacemos es preparar una mezcla en la que disminuyamos estos porcentajes. Esta mezcla es conocida como Trimix y está compuesta por oxígeno, nitrógeno y helio en los porcentajes adecuados a cada profundidad. No todo son ventajas, puesto que el uso del helio nos penaliza en la descompresión. Para disminuir el tiempo de descompresión en lo posible utilizamos en parte del ascenso una mezcla más rica en oxígeno (aire enriquecido Nitrox, EAN en las siglas inglesas) y a 6 m. de profundidad, en la última parada de descompresión, oxígeno.

Nuestro planteamiento de buceo fue sobre una profundidad máxima de 70 m. y un tiempo de fondo de 20 minutos. Calculamos la mezcla de gas y la descompresión mediante un programa informático. Utilizamos como mezcla de viaje y fondo un Trimix 17/43 y como mezcla de descompresión EAN 40, a partir de 30 m., y oxígeno 97 % a 6 m., contenido todo este gas en dos botellas de 15 l. a la espalda y dos botellas de 7 l. en los laterales. La existencia de las corrientes mencionadas hace que no sea posible hacer la descompresión en el cabo del fondeo sino en una plataforma de descompresión a la deriva. Permanecer agarrado al cabo de fondeo implica un enorme esfuerzo para que la corriente no arrastre al buceador y esto se soluciona dejándose llevar por ella. La plataforma consta de tres barras de acero inoxidable lastradas a 12, 9 y 6 m. de profundidad ,donde se pueden colocar varios buceadores, suspendidas de dos grandes boyas y ésta unida a la línea de fondeo por un mosquetón a 15 m. de profundidad. Cuando todos los buceadores han pasado a la plataforma se suelta este mosquetón y se inicia un viaje a la deriva seguidos por el barco de apoyo que durará el tiempo de la descompresión. En nuestro caso, en 28 minutos de deco se recorrían entre 4 y 5 millas hacia el norte.

Comienza la aventura. Foto: Javier Lusarreta (c)
Uno de los miembros del equipo preparándose para el descenso, que resultaba bastante complicado debido al peso y a la fuerte corriente de las aguas.
Foto: Javier Lusarreta (c)

Hay que tirar fuerte de brazos, o incluso poner un cabo de seguridad, para evitar que la corriente nos arranque del cabo de fondeo. Al poco tiempo de comenzar el descenso dejamos de ver la superficie gris y la tonalidad verde lo envuelve todo. Los minutos van pasando y la única referencia de nuestro descenso es la cuerda guía y los datos de los instrumentos. Es el vacío, donde cada metro descendido en la penumbra verde va dejando paso a la oscuridad azul que nos rodea ya totalmente. Después de 7 minutos de descenso, ya en oscuridad total sólo rota por nuestros focos de 200 w, comenzamos a ver que la luz no se pierde en este espacio denso sino que parece iluminar algo. Es el fondo, por donde vemos esparcidos objetos de diverso tamaño, muchos de ellos reconocibles. Un gran reflector, proyectiles de artillería, trozos de metal y lo que parece un mástil nos indican que, a pesar de no caer sobre el pecio, éste se encuentra muy cerca. Efectivamente, si nos separamos del fondo vemos, a algunas decenas de metros, la oscura silueta de la mole del Hampshire, concretamente la destrozada proa que permite ver, a través de su enorme boquete, el interior del buque.

Vista del interior del buque Hampshire. Foto: J. Mª Castellví (c)
Explorando el interior del H.M.S Hampshire
Foto: J. Mª Castellví (c)

Como a todos los cementerios, lo envuelve una atmósfera de soledad y silencio que nos hace desplazarnos por el barco con lentos movimientos, como si de esta manera pudiéramos expresar nuestro respeto por los marinos perdidos aquí. La ingravidez nos permite, además, acercarnos lo más posible pero sin llegar a tocarlo, como si algo inconsciente en nuestras mentes impidiera poner nuestras manos sobre el corrompido casco de acero.

. Foto: J. Mª Castellví (c)
Uno de los buceadores recorriendo la quilla del casco del H.M.S Hampshire, cubierta por flora marina y corrompida por el paso de los años sumergido.
Foto: J. Mª Castellví (c)

La oscuridad que nos rodea no es como en las cuevas. Todos los miembros del equipo somos espeleobuceadores y a todos nos ha causado la misma impresión. Una cueva es un lugar acogedor, el sentirse dentro de algo hace que las referencias estén claras. Lo que dejo a la derecha continuará después a la derecha. Pero aquí, dentro de este volumen que, para nosotros se puede considerar infinito, parece que las cosas cambian de sitio durante el tiempo que estamos abajo. De hecho, todos con el rabillo del ojo controlamos que el muerto del fondeo, al que añadimos un ancla bien agarrado al fondo, no se vaya de donde está. El tiempo corre aquí muy deprisa y la hora de subir llega demasiado pronto, teniendo que dejar para una próxima ocasión la filmación de nuevos planos. Aun así, alguno de nosotros hace un gesto de despedida ante un ojo de buey que, sorprendentemente, todavía conserva el cristal intacto. Iniciamos un lento ascenso con paradas desde los 36 m. de profundidad y todavía tardaremos 40 minutos en llegar a superficie. Después, la recogida en medio de las grandes olas del Atlantico será otro problema a solucionar, pero esta vez estamos en las manos del patrón.

Más tarde, al revisar en el monitor lo grabado, observamos algo que no habíamos visto durante la inmersión. En el costado del buque se ven tres grandes agujeros que, en conjunto, recuerdan una cara. Lo curioso es que estos agujeros no fueron hechos de fuera adentro sino al contrario, de dentro afuera, lo que corroboraría que ocurrieron explosiones internas. Lo que quedaría por saber es si estas explosiones fueron antes o después de comenzar el hundimiento del Hampshire. Pero la respuesta a esta incógnita permanecerá, de momento, en el fondo del Atlántico.


Para saber más

Dive in Scapa Flow

Scuba diving in Scapa Flow

Guía y mapa de Orkney Islands

Turismo en Orkney Islands

Scapa Flow










| masde.com | masdearte.com | masdecaballos.com | masdesqui.com | masdeviajes.com | masdevinos.com | © 2001 MASDE.COM |

 

6