Introducción
El
sistema Palmarito
Las
primeras inmersiones
El
nacimiento del río Cimarrones
La
Cueva Grande
La
Sierra de San Carlos
La
Casimba de Juanelo Piedra
Para
saber más
Otres tierres. Hay otres Tierres. Munches riberes
mueya la mar. Viaxarás lloñe, triyarás mundu pero a la
fin habrás d’alcontrar que’n toles tierres yes
estranxeru menos na d’esti llau de la mar.
L’Otru llau de la Mar. Llan de
Cubel.
Introducción
Durante los meses de febrero y marzo de 2.000 se
llevó a cabo la expedición Mogotes 2000,
organizada por el Gastetxe Espeleologi Taldea de
Bilbao (tanto los planos de situación como las
topografías de las cavidades están sacadas de las
memorias de las expediciones del G.E.T. Mogotes 98 y
Mogotes 99) y patrocinada por el programa de
Televisión Española “Al Filo de lo Imposible”. La zona
donde se desarrolló la expedición fue en el Parque
Nacional de Viñales, concretamente en la Sierra
de los Órganos. Esta zona protegida se encuentra al
norte de la provincia de Pinar del Río, la región
más occidental de Cuba y debe su protección al
gran valor paisajístico del denominado karst de
mogotes, así como una fauna y flora características.
Por otra parte, dentro del mencionado karst se
encuentran algunas de las cavidades subterráneas más
importantes de la isla de Cuba.
Los espeleólogos
vascos del G.E.T. han trabajado desde 1997 en la parte
de la Sierra de los Órganos más cercana al acogedor
lugar de Pan de Azúcar, en colaboración con los
grupos cubanos Comité Espeleológico de Pinar del Río
y Grupo Espeleológico Martel, de La Habana.

El Sistema
Palmarito
La importancia de las cavidades exploradas por estos
grupos en el valle de Pan de Azúcar estriba en su
relación hidrológica con la gran red del Sistema
Palmarito, de más de 45 kilómetros de desarrollo
horizontal. Esta red hidrológica se puede considerar
dividida en dos partes claramente separadas. Por un lado
tenemos la mayor parte del sistema subterráneo
comprendido entre la Sierra de Viñales y el
Hoyo de los Cimarrones. Ésta es una gran
depresión kárstica por la que corre el río Palmarito
tras surgir al exterior en la cabecera de este valle,
para luego desaparecer en los múltiples sumideros que se
encuentran a lo largo del cauce. Aquí comienza lo que
podríamos considerar la otra parte de la red: el trazado
subterráneo que une el Hoyo de los Cimarrones con el
Valle de Pan de Azúcar, separados ambos por una
distancia de varios kilómetros.
El objetivo final
de los trabajos desarrollados durante los años
anteriores por el colectivo vasco-cubano es la unión
física de la surgencias del valle de Pan de Azúcar con
los sumideros del Hoyo de los Cimarrones. Dado que las
exploraciones en zonas aéreas de las cavidades estaban
llegando a su fin y debido a que las posibles
continuaciones eran sumergidas se decidió incluir un
equipo de espeleobuceadores en la expedición. De todas
formas, el motivo principal de este viaje era la
filmación de un programa para la serie “Al Filo de lo
Imposible” sobre la historia de las exploraciones de
estas cavidades cubanas.
Esto hizo que todos los
espeleólogos tuvieran que dedicar la mayor parte del
tiempo a la instalación de las cavidades de la forma que
hiciera lo más cómodo posible los trabajos de filmación
a los técnicos de televisión y que los espeleobuceadores
gozáramos de una cierta autonomía para que continuáramos
las exploraciones en las galerías inundadas. El equipo
de espeleobuceo estaba formado por Carmen Portilla y
Angel Ortego Mateu del Grupo Espeleológico Mediterráneo
(Alicante) y Xesús Fernando Mantega Fraile del Grupo
d’Espeleoloxia Gorfolí (Asturies). Al ser un equipo tan
pequeño aplicamos la técnica de los espeleobuceadores
asturianos de “perru come perru”, esto es, cada
espeleobuceador es autónomo en su exploración y en el
porteo de su material. ¡Hombre! si alguien echa una
mano, se agradece.
Ramón Perez Relora y Alberto
Baseiro Arce del C. E. Pinar del Río y Evelio Balado
Piedra del G.E. Martel, de La Habana nos echaron más de
una mano y se pasaron algunas horas aguantando la
incertidumbre de ¿que pasa que tarda tanto? ¿por qué
no sale ya? ¿cuánto aire llevaba?... no sé como usted
puede dormir mientras su compañero está ahí dentro.
Las esperas en las cuevas de Cuba no tienen nada que ver
con las esperas en los gélidos ríos subterráneos de
Picos de Europa, cuando se llevan horas metido en agua a
menos de 6 ºC.

Las primeras
inmersiones

Sifón de cueva
Chiquita
Foto: C. Portilla (c)
El primer contacto con las posibles continuaciones lo
tuvimos con el sifón terminal de Cueva Chiquita.
Ésta es una cavidad que, en tiempo de fuertes crecidas,
actúa como surgencia del río Palmarito. Su desarrollo
alcanza los 3.960 metros y su desnivel +87 metros.
Nosotros recorrimos sólo parte de la cavidad, una
sucesión de conductos de diverso tamaño, desde pequeñas
y cómodas gateras hasta galerías y salas de grandes
dimensiones. La galería que se dirige al sifón tiene
grandes acumulaciones de barro mezclado con restos
vegetales que, en algunos lugares, alcanzan varios
metros de altura y desprenden muy mal olor. El acceso a
lo que parece ser el sifón terminal es un laminador de
unos 20 metros de longitud colmatado de gran cantidad de
sedimentos orgánicos por encima de los cuales corría una
fina lámina de agua. El espesor de dicho sedimento
permite meter el brazo totalmente sin llegar a tocar la
roca que se supone estará debajo. Evidentemente, esto
hace que el agua se vuelva absolutamente turbia antes de
poder llegar a lo que parece el conducto sumergido.
Además, entre el sedimento hay bolsas de gas a causa de
la descomposición de la materia orgánica que, al
abrirse, forman un sorprendente burbujeo en superficie
durante varios minutos, de tal manera que llegamos a
creer que la cavidad estaba entrando en carga. Sapos,
cangrejos y otros bichos, más lo que no se ve y que está
entre el sedimento, el gas y la turbidez del agua no nos
hacen atractivo este sifón para bucear, así que
decidimos probar antes en otros sitios.

El nacimiento del
río Cimarrones

Campana entre el 4º
y el 5º sifón de la cueva de los Cimarrones
Foto: C.
Portilla (c)
A escasos metros del campamento se encuentra el
nacimiento delrío Cimarrones, que aquí recibe
este nombre pero que realmente son las aguas del río
Palmarito sumidas en el Hoyo de los Cimarrones. Éste
surge en una amplia poza en medio del bosque, pero el
cauce continua unos 100 metros más valle arriba hasta
llegar a la pared del mogote. Aquí se abre otra cavidad,
la Cueva de la Jaiba que, en su misma entrada,
tiene un pozo de agua que da acceso a una galería
sumergida de agua no demasiado clara. La entrada se abre
en un lago abovedado, con agujeros en el techo y paredes
que permiten la entrada de luz. La poza tendrá unos 5
metros de largo por 2 de ancho, aunque en algunas partes
podría tener algo más, forma ovalada y las paredes
cubiertas de barro y restos de ramas y hojas.
El
anclaje de entrada lo hicimos en un agujero-puente que
había en la roca. Las paredes estaban llenas de barro,
con algunas formaciones, aparentemente de roca, en las
que hicimos los anclajes. Algunas de estas formaciones
eran de barro y se rompían al instalar las gomas y
cordeles.
La abertura de la cavidad es pequeña,
el suelo de pequeñas piedras y descendente. La cavidad
parece una diaclasa, estrecho en el suelo, un poco más
abierto por el centro y de nuevo se estrechaba en el
techo (pero no se veía un carajo). En algunos puntos se
abrían grietas en las paredes laterales. A veces era tan
turbio que en algunas ocasiones hacíamos círculos. En la
última punta que hizo Carmen se metió en una zona de
grietas estrechas, aunque no puede asegurar que fuera la
continuación buena.
Aquí instalamos 135 metros de
cordel en dirección al nacimiento del río
Cimarrones, llegando a una profundidad máxima de
15 m. La poligonal hecha sobre el hilo muestra un
recorrido zigzagueante pero es porque la única forma de
avance en estas aguas turbias es ir pegado a una de las
paredes. No se puede decir cual es el ancho de la
galería por esta razón, aunque si estimamos que es lo
suficientemente amplia como para dejarnos navegar sin
tropezar demasiadas veces. Posteriormente, se exploró el
nacimiento del río Cimarrones, donde los 145 m.
de línea instalados hasta 18 metros de profundidad
parecían dirigirse hacia la cercana Cueva Grande,
otra de las cavidades cercanas que actúan de trop-plein
del río Palmarito en época de grandes avenidas.
La idea del equipo vasco-cubano era que esta
surgencia es una pérdida de los lagos cercanos a la
entrada de Cueva Grande y que, por lo tanto,
debería de haber una conexión que permitiera pasar a un
buceador desde aquí hasta el exterior por el nacimiento
del río Cimarrones. A medida que fueron
realizándose las diversas inmersiones nos fuimos dando
cuenta que el piso inundado iba muy por debajo de las
galerías activas de Cueva Grande y que, además,
se superponía con la poligonal de las galerías
sumergidas de la Cueva de la Jaiba. Una vez
comprobado esto, hicimos una poligonal exterior que
recorriera la pared del mogote y uniera el nacimiento
del río Cimarrones con la Cueva de la
Jaiba y el primer lago de Cueva Grande. El
resultado al poner sobre el papel poligonales y
profundidades fue comprobar que la Cueva de la
Jaiba y el nacimiento del río Cimarrones
tenían conductos comunes, así que se decidió intentar la
unión de los dos cordeles. Para esto entró un buceador
por cada sifón y cada uno con un “pato” conectado al
chaleco. Estos silbatos subacuaticos hacen el suficiente
ruido bajo el agua como para que se escuchen a varias
decenas de metros de distancia. Después de más de media
hora de inmersión Carmen escuchó el sonido del “pato” de
Ángel cerca de la etiqueta de 50 metros, confirmando así
que estaban metidos los dos en el mismo puré de
guisantes y verdura. La turbidez del agua es tal que
podrían pasar uno al lado del otro sin verse a no ser
que tropezaran uno con otro.
También en estas
galerías había abundante fauna tanto visible como
invisible. La visible, peces y sabrosos camarones y la
invisible, mejor no preguntar. Solo puedo decir que el
comentario habitual antes de cada inmersión era “aquí
vamos a pillar lo que no pillamos en La Habana”
.
Como contaba más arriba, el nacimiento del río
de los Cimarrones surge en medio del bosque y es
una poza de unos 5 metros de diámetro que rápidamente
gana profundidad. La galería sumergida es una grieta más
alta que ancha pero que parece cómoda. Por lo menos, uno
no se da muchos cabezazos al avanzar. Instalamos el hilo
siguiendo el descenso del conducto hasta encontrar un
pozo vertical. Aquí, una de las líneas se dirige hacia
abajo hasta encontrar un culo de saco a 18,6 m. de
profundidad y la otra corta el vacío turbio hasta
terminar en un estrecho laminador ascendente. Es posible
que haya una conexión con Cueva Grande pero las
estrecheces de los últimos conductos y la turbidez del
agua nos impidieron confirmarla. Es más, la sensación
era que la morfología de la galería era una al entrar y
otra al salir (nos dábamos siempre más cabezazos al
salir que al entrar).

La Cueva
Grande
Posteriormente se planteó la inmersión en el sifón
terminal de Cueva Grande. Ésta tiene una gran
entrada, oculta por la vegetación, seguida de galerías
de gran volumen que, enseguida, llegan a la serie de
lagos. Los lagos están separados unos de otros por
grandes dunas de arena y ocupan unos 300 metros de
galería. Al final de ellos llegamos al inicio de la
parte fósil de la cavidad, en donde abandonamos el curso
activo. La zona superior tiene aun más barro que la
activa y algunas colonias de murciélagos bastante más
grandes de los que estamos acostumbrados a ver.
Tras descender un pocete de 8 metros para
alcanzar otra vez el río, y abandonarlo posteriormente
subiendo una rampa de roca negra, llegamos al sifón. Es
un lago de agua, aparentemente sin circulación, en el
fondo de una rampa de arena y arcilla. En una primera
inmersión de reconocimiento con una sola botella, Teca
encontró lo que parecía una galería orientada a 150º N,
la dirección que nos llevaría al Hoyo de los
Cimarrones. Con estas perspectivas, al día siguiente
metimos en Cueva Grande material para dos
buceadores. Tras equiparse con los pies enterrados en el
barro, Teca continua la exploración. La galería
encontrada ayer es una grieta que termina 20 metros de
línea más allá. Continúa buscando y encuentra otra
grieta que parece más prometedora. Tras otros 20 metros
de línea, la grieta se transforma en un tubo de presión
ascendente hasta salir a una campana. Ésta es el fondo
de un pozo de paredes verticales sin más continuación
sumergida.

Interior del sifón
de la cueva Grande
Foto: C. Portilla (c)
El pozo tiene en su parte superior comunicación con
la sala del lago por lo que Ángel ve el resplandor de
los focos de Teca reflejados en el techo, ya que se
encuentra varias decenas de metros por encima del lago
explorando una galería superior desconocida para el
equipo vasco-cubano. Después Teca bucea durante casi una
hora por el fondo del lago haciendo radiales con la
línea buscando una posible galería. El fondo, a 12
metros de profundidad, es una rampa de barro y arena que
deja sólo filtrar el agua y en algunas paredes se
adivinan estrechas grietas que no permiten el paso de un
buceador. Los cambios de morfología a los que se ven
sometidas estas cavidades a causa del aporte de
sedimentos podrían ocultar la existencia de conductos
sumergidos que se dirijan al Hoyo de los
Cimarrones. Un último intento de encontrar el camino
hacia los sumideros fue llevado a cabo en los lagos
superiores del curso activo, buceando varias veces,
Carmen y Teca, a la búsqueda de alguna galería
sumergida. El fondo de estos lagos está formado por
estrechas grietas y bancos de arena a una profundidad
media de 8 metros. Por supuesto, la turbidez del agua
nos obligó en muchas ocasiones a hacer este
reconocimiento palpando las paredes e intentando intuir
desde donde circulaba la tenue corriente de agua.
Ya que no podemos remontar la red intentamos
descenderla desde el Hoyo de los Cimarrones. Esta
depresión se inicia en la surgencia temporal del
Sistema Palmarito, tiene más de 1 kilómetro de
ancho por 1 kilómetro de largo y termina en un cañón, en
donde se encuentran los sumideros de esta dolina. Parece
ser que aquí resistieron escondidos mucho tiempo un
grupo de negros cimarrones, esto es, esclavos
fugados de las plantaciones, hasta que fueron delatados
a los cazadores de esclavos. El cauce que recorre la
dolina tiene unos 8 metros de ancho y 3 de profundidad y
ahora está seco. Aun así, estas dimensiones no son
suficientes para evacuar el agua que surge de Palmarito,
produciéndose inundaciones tales en el valle que los
“guajiros” tienen que sacar de allí al ganado
para que no se ahogue.
La cavidad que nos
interesa es la marcada como CI-5. La entrada es
grande y le sigue una galería de amplias proporciones
que, después de recorrerla durante 300 metros, tiene una
curva muy acentuada y se hace más grande, con una
sección de más de 10 m. de diámetro. La galería sigue
así más de 300 metros hasta llegar al sifón. Todo el
conducto tiene grandes acumulaciones de barro, arena y
madera. El sifón está precedido por una poza de agua
oscura y hedionda. Durante una exploración de
reconocimiento de 58 minutos, Ángel explora tres cortos
y poco profundos sifones intercalados con galerías
aéreas. Esto nos hace renacer la esperanza de que quizás
sea posible intentar la conexión.
Tres días
después volvemos a hacer una nueva inmersión, aunque
esta vez los buceadores serían Ángel y Teca. El primer
sifón tiene el agua muy turbia y varios troncos de gran
diámetro atravesados. A partir de aquí el agua se vuelve
un poco más clara y vemos que la morfología de la serie
de sifones es una red de fracturas que dan lugar a
galerías aéreas laberínticas e inundadas por las que nos
desplazamos nadando. Por esta razón es necesario montar
hilo también en superficie. Exploramos 6 sifones y
gastamos en total más de 400 metros de cordel. La última
campana alcanzada tiene, al contrario que las
precedentes, las paredes cubiertas de barro. El único
conducto de esta campana es por el que accedemos a ella.
Pensamos que salimos a una campana que es un lateral de
la red de fracturas y que es posible que la galería
principal continúe en otra dirección. Tras tres horas y
media de exploración estamos en el final del cordel y
salimos con muy pocos watios de potencia en los focos.
Es seguro que estamos más cerca de las surgencias de
Pan de Azúcar pero dejaremos la posible conexión
para otros equipos de exploradores.

La sierra de San
Carlos

Surgencia del Mal
Paso
Foto: C. Portilla (c)
Una vez terminados todos los trabajos de exploración
y de filmación en Pan de Azúcar toda la
expedición se dirigió a Pinar del Río, donde
permanecimos durante dos días grabando varias cosas para
el programa. No obstante, la banda de espeleobuceo nos
fuimos a hacer una inmersión a una importante surgencia
de la Sierra de San Carlos. El paisaje de esta
sierra es semejante a la zona de Viñales pero más
bonito. Tiene más desfiladeros y la sierra parece
bastante más salvaje. La fuente recibe el nombre de
Surgencia de Mal Paso y se abre bajo la carretera
de Luis Lazo a Guane. Sus aguas se unen inmediatamente
al cauce del rio Cuyaguateje. Evelio Balado,
el “Profe”, nos comenta que es el único acceso a
la gran red subterránea que se adivina en esta zona de
la Sierra de San Carlos.
En este tiempo está muy
seca y hay que bajar varios metros para encontrar el
agua, limpia pero embalsada. En la superficie flotan
restos de tubos, pues parece ser que tomaban agua de
aquí con una bomba para abastecer a los pueblos
cercanos. Las paredes parecen limpias y no desprenden
mucho barro. Ángel y Teca se preparan para bucear y
encuentran que el extremo del lago es un culo de saco. A
4 metros de profundidad comienza una rampa de piedras
que conduce a una bifurcación de varias galerías que
cierran a los pocos metros de línea. La rampa continua
descendiendo hasta 15 metros y en esta cota comienza a
subir. Las burbujas corren por el techo y eso es señal
de la existencia de una posible campana. Pero tras el
ascenso de las burbujas se desprenden enormes nubes de
barro que enturbian totalmente el agua. En estas
condiciones el ascenso queda interrumpido en un tubo sin
salida y creemos que no merece la pena arriesgar más. Se
han instalado unos 50 metros de línea. La vuelta al
exterior se hace sin ver la mano delante de la máscara.

La Casimba de
Juanelo Piedra
Finaliza nuestra estancia en Pinar del Río no sin
antes despedirnos en una fiesta yoruba de nuestros
amigos del C.E.P. Por la mañana, “El Profe”
suspende definivamente a Ángel y a Teca...hasta
septiembre no me vuelvan. Ya en La Habana, donde
también hay que filmar varias cosas, aprovechamos las
tardes para desplazarnos a una casimba cercana a
San Esteban de los Baños. Esta cavidad recibe el
nombre de Casimba de Juanelo Piedra porque antes
de la revolución la finca donde se encuentra la cueva
pertenecía a este señor, que todavía vive con más de 90
años. El paisaje es muy distinto a lo que vimos en la
zona occidental, una gran llanura cubierta de espinos y
matorrales. Nos acompaña Enrique del Valle Iglesias,
espeleobuceador cubano que suple con mucho ingenio la
falta de material de exploración, y que lleva varios
años explorando nuevas galerías en esta cavidad, aunque
las primeras inmersiones en esta cueva con equipo
autónomo se remontan a los años sesenta.
La
entrada original eran varios agujeros en el terreno,
que, a su vez, es el techo de una sala ocupada en parte
por un lago. En el siglo pasado ensancharon uno de los
agujeros y tallaron varios peldaños en la roca para
bajar a la sala. Ésta tiene unos 25 metros de ancho por
unos 70 de longitud. El techo esta lleno de
cristalizaciones y abundan las formaciones, algunas de
éstas están sumergidas en el agua, puesto que esta
cavidad es similar a los Cenotes de Yucatán, esto es,
cuevas fósiles inundadas posteriormente por un ascenso
del nivel freático de la zona. El agua es tan
transparente que parece que no la hay. Escogemos la
galería sumergida de la izquierda, la que ha explorado
Enrique últimamente. El agua tiene una visibilidad de
más de 20 metros y las paredes están cubiertas de
formaciones blancas. La galería es grande pero a los 50
metros de cordel tiene una gatera fácil que sería más
sencilla con botellas más pequeñas pero nosotros vamos
equipados con botellas chatas de 12 litros. El agua no
se enturbia ni siquiera en la gatera, después la galería
sigue estrecha pero cómoda y cada vez hay más
formaciones. Finaliza en un pasaje estrecho, con barro y
en donde hay peligro de caída del techo. La otra galería
es enorme, espectacular. Una gran sala sumergida seguida
de una galería de más de 10 metros de ancho. También
aquí las paredes están cubiertas de formaciones:
coladas, estalactitas, excéntricas, etc. Después de
volar unos 100 metros (el cordel instalado está sin
marcar) salimos a una campana. La continuación es un
paso estrecho forzado por espeleobuceadores franceses
pero no se sabe que hay más allá. Evidentemente, con las
botellas que llevamos es imposible continuar, pero
pensamos que la cavidad todavía tiene posibilidades de
exploración. Sacamos varias fotografías y filmamos 20
minutos de video. Algunos no estamos acostumbrados a
esto. Es volar, como nos contaba Mick Madden en Pan de
Azúcar, sobre las Puertas del Cielo.
Dos días
después nos despedimos de nuestros compañeros cubanos y
cruzamos de vuelta el Atlántico. Por suerte, y a pesar
de las aguas de los ríos de Pan de Azúcar no nos
infectamos de nada y volvimos a casa morenos, sanotes y
muy contentos por nuestra experiencia en la Perla del
Caribe. Espero que volvamos.

Para saber
más
Bibliografía
- “40 años explorando a
Cuba”. Nuñez Jimenez, Antonio. Editora de la
Academia de las Ciencias de Cuba, La Habana, Cuba,
1980.
- “Expedición Espeleológica Vasco-Cubana
Mogote-98, G.E.T.-C.E.P.” G.E.T. Espeleologi
Taldea.. G.E.T. Espeleologi Taldea, Bilbo, Euskal
Herria, 1998.
- “Expedición Espeleológica
Vasco-Cubana Mogote-99, G.E.T.-C.E.P.” G.E.T.
Espeleologi Taldea.. G.E.T. Espeleologi Taldea,
Bilbo, Euskal Herria, 1999.